BARCO DEL CORNETA, VERDEJO, PUREZA Y HONESTIDAD

Bodegas

Hace demasiados meses que tenía pendiente este artículo. En concreto, desde la vendimia, cuando fui a conocer el viñedo que Barco del Corneta tiene en Alcazarén.  A ver el viñedo y a ‘dar palique’ a Bea, Félix, Edu, M. Antonia Sanz (madre de Bea) y resto del equipo, que de vez en cuando levantaban la cabeza desde debajo de los pámpanos de cepas centenarias.

La siguiente cita fue hace pocos días en el Restaurante Trasto de Valladolid, donde compartimos una sabrosísima comida en la que también estaban Julio e Isabel, de Majuelos Singulares, y donde probamos todos los vinos de la bodega con la sumiller, Laura (ella merece una entrevista aparte).

De vender la uva, a ser un referente internacional

La historia de Barco del Corneta se localiza en la villa vallisoletana de La Seca, donde el abuelo de Bea tuvo algunos majuelos que después pasaron a otras manos. Fue en 2008 cuando ella y su madre decidieron plantar cepas de verdejo en el paraje de Cantarranas, una zona muy conocida por los oriundos debido a las excelentes condiciones que reúne la zona (suelo, orientación, altitud…) para obtener uvas de máxima calidad.

Beatriz herranz
barco de corneta madre bea

La intención de madre e hija era vender la uva, pero las cuentas no salieron como habrían esperado –afortunadamente para nosotros- y Bea comenzó a elaborar un vino propio: una barrica de Barco del Corneta en 2010. “Al principio los vinos eran cada uno de su padre y de su madre. La primera barrica la elaboré en Ávila, la segunda fueron dos barricas…”, relata.

Hasta el año 2013, cuando se instaló en la bodega de Medina del Campo, no se empezaron a definir los vinos.  Esa añada también fue la primera de Cucú, el hermano pequeño de Barco del Corneta.

La búsqueda de una identidad

En la mesa, varias copas para gozar de Cucú, Barco del Corneta, Prapetisco (su vino de Arribes del Duero) y las tres referencias de Los Parajes del Infierno. La añada 2016 fue la más productiva desde que Bea recuerda, un invierno lluvioso y un verano fresco propiciaron una cosecha de muy buena calidad.

Precisamente ese año se incorporó su amigo y mano derecha, Félix, quien cuenta con una dilatada experiencia en la zona y, particularmente, con la uva verdejo. Él nos contó cómo surgieron Las Envidias, La Sillería y El Judas: Teníamos la intención de buscar viñedo viejo, pero de verdad. Desde que Bea estaba en Cebreros y yo en la zona de Madrid, para nosotros una viña vieja es de 70 u 80 años. Y eso, en la zona de La Seca, por desgracia, no existe. Ha habido una reconversión, se han arrancado viñedos para hacer nuevas plantaciones más productivas. Esto, sin embargo, a un pueblo como Alcazarén no ha llegado”.

vinos barco del corneta
comida en trasto

Esa parte de la provincia (Matapozuelos, Alcazarén…), más conocida por los vestigios mudéjares, es una zona de arenas y fue, precisamente, Isabel quien les ayudó a encontrar los majuelos de ‘La Sillería’ y ‘La Liebre’, de donde procede el vino Las Envidias.

“Son dos parcelitas, La Sillería es casi todo verdejo y lo que llamamos La Liebre tiene más palomino, pero están todos en el paraje de las Envidias. Lo que nos atrajo fue,  sobre todo, la edad de la viña, están en pie franco, suponemos que pre-filoxéricas. También era una manera de trabajar y entender viña vieja, de ver otra dimensión del verdejo”, explica Félix.

Ellos iban buscando dicha variedad, pero  encontraron lo que los lugareños llaman verdejo mayor (atentos al tamaño de los racimos en la imagen). Al principio fue un poco decepción porque es la variedad denostada de Rueda, comentan, e inmediatamente pensaron en Jerez, pero sabiendo que se trata de una variedad neutra y que debían hacer algo que aportara.

 “Lo metimos en damajuanas y no las llenamos para crear un poco de velo de flor. El resultado tiene una parte oxidativa, que recuerda un poco al amontillado”, afirma Félix, a lo que Bea añade entusiasmada (y yo más cuando lo bebo) que jugamos sobre seguro porque la viña es espectacular. Lo que soporta todo el peso del vino es la boca. Les tomó algunos años recuperar esa viña tan vieja y retorcida que, por si fuera poco, es el particular Disneyland de los conejos.

felix crespo
palomino fino

La ‘maldición’ de la uva verdejo

La pobre uva verdejo ha sufrido mucho durante los últimos años, y no precisamente por los designios del tiempo. Los blancos muy baratos, demasiado tecnológicos y elaborados con muy poco amor le han bastando para recibir más de una colleja. Parece que la cepa tiene la culpa… Pero os puedo asegurar que no.

Barco del Corneta es la identidad de La Seca con su interpretación, el fiel reflejo de la parcela de la que procede, de su suelo, de Cantarranas. Cucú, por su parte, les da muchas alegrías.  “Coño, ¡es que el verdejo está bueno! Cada día me gusta más, según vamos trabajándola más y aprendiendo de ella”, exclama Bea.

Sin embargo, son conscientes de la complicación que supone vender esta variedad hoy en día. Explican que, para ellos en este sentido, hay un público que busca vinos blancos muy económicos y existe un público “wine-lover”, que busca verdejos que, en realidad, no lo parecen, porque a veces no están acostumbrados a la verdadera tipicidad.

Me vuelvo al pueblo

Barco del Corneta regresa al pueblo del que, en  realidad, nunca salió. Se han metido de lleno en la construcción de una bodega en el caso histórico de la localidad de La Seca. Constará de una sala de elaboración moderna y funcional, de nueva creación; recuperan una bodega subterránea de 164 m., donde criarán los vinos;  un lagar tradicional, que será diseñado como zona social, y la casa antigua. La idea es hacer una bodega integrada con una vivienda, donde siempre haya movimiento. Estaremos muy atentos…. ¡Suerte Edu!

 

Autora: Patricia Regidor

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De pies a cabeza por: de rotos y descosidos
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